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Armónicos en el bajo eléctrico
por Cristián Grüner
 

REVISTA Bajista
NÚMERO 13
SECCIÓN: Análisis de Estilos
© Cristian Grüner
* por cortesía de Ares Editorial

Título: “Los armónicos: un recurso melódico-armónico al alcance del bajista”

DESTACADO: “Los armónicos son notas naturales que producen las cuerdas, sin pisar los trastes”.

ARTÍCULO:

Abordaremos esta nota desde un punto de vista totalmente iniciático, con la intención de descubrir este recurso desde sus primeros conceptos, y para que pueda estar al alcance de cualquier instrumentista, aunque no tenga una técnica especialmente depurada.
El armónico es una respuesta natural de la cuerda al aire. Para hacerlo sonar, es necesaria una técnica que puede requerir algo de práctica, pero que puede obtenerse sin problemas si se practica lo necesario.
Se trata de apoyar el dedo suavemente, sin apretar la cuerda, sino apenas rozándola, pero no sobre el centro del traste, el punto en el que solemos tocar habitualmente, sino sobre la placa de metal que separa los espacios. Es decir, sobre el traste propiamente dicho.
La técnica ideal, consiste en poner el dedo rozando la cuerda, pulsarla, y luego separar el dedo, a fin de que la cuerda pueda vibrar libremente. Si dejamos el dedo apoyado, notaremos que el armónico suena, pero se apaga muy rápidamente, en cambio si lo retiramos, el sonido hará un pico en el momento en que pulsamos la cuerda, pero se mantendrá con una potencia razonable, hasta que la cuerda deje de vibrar.

Ahora bien, uno de los “handicaps” de los armónicos, aparte de la técnica específica para hacerlos sonar, que como hemos dicho, no es especialmente compleja, es memorizar la nota que suena en cada uno de ellos.
Los armónicos se reproducen en sitos específicos de la cuerda, y no siempre la nota que suena coincide con el traste sobre el que estamos tocando

El armónico más fácil de hacer sonar, se produce usando el procedimiento descrito, sobre el traste 12.
Sobre este traste, la nota que suena, es la misma que sonaría si tocásemos la cuerda al aire.
Normalmente, la cuerda SOL, la más aguda, reproducirá el armónico con mayor potencia, aunque en cualquier otra cuerda también sonará. Por tanto, si tocamos el armónico que se produce sobre el traste 12 de cualquier cuerda, obtendremos una nota igual a la que produce esa cuera al aire, pero una octava más arriba, es decir, la misma nota que sonaría pisando el traste 12.

Una vez que hayamos conseguido hacer sonar esta armónico con una cierta presencia, podemos pasar al siguiente, que también suena con relativa facilidad. El siguiente armónico se produce sobre el traste 7.
Recordamos una vez más que no debemos poner el dedo en el centro del traste, sino sobre la plancha metálica que los separa: el traste propiamente dicho.
Sobre el traste 7, obtendremos la quinta de la cuerda al aire, así, si lo tocamos sobre la cuerda SOL, obtendremos la nota RE. En este caso, igual que en el del traste 12, la nota coincide con la que sonaría pisando el traste correspondiente (traste 7).

El siguiente armónico, que se produce sobre el traste 5, reproduce también la misma nota que la cuerda al aire, pero dos octavas arriba. Por tanto, haciendo sonar el armónico del traste 5 de la cuerda SOL, obtendremos también la nota SOL. En este caso, la nota que produce el armónico ya no coincide con la que sonaría en el traste, puesto que si pisásemos el traste 5 de la cuerda SOL, obtendríamos la nota DO. En cambio, al tocar el armónico, suena también una nota SOL.

El siguiente armónico, sobre el traste 4, produce la tercera mayor de la cuerda al aire. Por tanto, tocando el armónico del traste 4 de la cuerda SOL, obtendremos la nota SI.

Los dos armónicos siguientes, no suenan exactamente sobre el traste. Un poco más adelante del traste 3, pero no exactamente encima de él, tenemos el armónico que corresponde a la quinta de la cuerda al aire, pero también una octava más arriba, es decir, la octava del armónico que hemos logrado en el traste 7.

El siguiente, suena un poco más atrás del traste 3, y reproduce la séptima menor de la cuerda al aire. Por tanto, si tocamos este armónico sobre la cuerda SOL, obtendremos la nota FA.

Notemos que, a partir del armónico del traste 5, que reproduce la misma nota de la cuerda al aire, tenemos las notas que corresponderían a un acorde de séptima (dominante) con la fundamental de la cuerda al aire.
A partir de este armónico, tocando el del traste 5, luego el del 4, y luego los que quedan un poco más adelante y un poco más atrás del traste 3, obtendríamos las notas SOL, SI, RE, FA, es decir, las notas que formarían un acorde G7. Esto, naturalmente, sucede exactamente igual en todas las cuerdas.

En la siguiente imagen podemos ver la localización precisa de los armónicos que hemos comentado.

 

 

Una vez que sepamos hacer sonar correctamente estos armónicos, que son los más habituales, y relativamente fáciles de conseguir, un tema aparte es dar con la mejor forma de usarlos.
Por un lado, es relativamente fácil introducirlos en partes en las que no está presente el bajo en su función habitual, como introducciones suaves, fragmentos con poca instrumentación, o cualquier otra situación en la que no sea necesaria la presencia de una base de bajo sólida. En estas secciones, los armónicos pueden usarse perfectamente, con un sentido melódico, o simplemente a modo de efecto.
Pero la situación tal vez más delicada, es cuando el bajo debe estar presente como base. En esas situaciones, el uso de un armónico puede desembocar en una total pérdida de fuerza en la base, circunstancia en la cual será preferible no usarlo. Sin embargo, existe una posibilidad, que naturalmente requiere cierta destreza técnica, que consiste en utilizarlos simultáneamente, mientras estamos tocando una base cualquiera, o mejor dicho, siempre que esta nos lo permita.
Para usar los armónicos de esta manera, aparte de dominar la técnica, serán necesarios unos buenos conocimientos de armonía, a fin de utilizar las notas adecuadas en función de los acordes que estén sonando en ese momento.
Para ello, podemos recurrir a algunos ejercicios sencillos. Por ejemplo, tomaremos el armónico SOL que suena sobre el traste 5 de la primera cuerda, e intentaremos usarlo sobre una progresión, a modo de “adorno”, siempre que la armonía nos lo permita, y esforzándonos por mantener una base sólida.

En la imagen a continuación, vemos una progresión de acordes. En tres de ellos el armónico SOL es viable: en el acorde Am7, SOL es la séptima menor, en el acorde Gmaj7, el SOL es la fundamental, y en el último acorde, el Fmaj7, SOL es la tensión 9.
En cambio, sobre el acorde F#m7, la nota SOL no habría funcionado en absoluto, ya que es la b9, una tensión que jamás lleva un acorde “m7”, por tanto, para ese acorde hemos retrocedido el dedo un solo traste, para encontrar el armónico SI, tensión 11 de F#m7, una tensión que soportan todos los acordes “m7”.
Los armónicos, al sonar en octavas más altas que el registro habitual del bajo, son asimiladas por el oído de una forma más bien melódica, y no como parte de la base. Por este motivo, pueden usarse sin ningún problema las tensiones de los acordes. El uso de una 9 ó una 11, que sería algo como poco comprometido en una línea de bajo, sobre todo como nota de cierta duración (prácticamente impensable salvo alguna rara excepción), no presenta ningún problema cuando usamos armónicos, puesto que estos, en general, ni siquiera llegan a mezclarse con la tesitura del bajo. Por el contrario, el uso de estas notas aporta riqueza armónica, y pueden ser mucho más llamativas que las notas del acorde.

Al respecto de la escritura utilizada para los armónicos, debemos hacer la siguiente observación: existen dos formas de escribirlos, y una u otra son utilizadas por libre elección de quien escribe.
Una forma es escribir la nota que suena “verdaderamente” al tocar el armónico, y otra, es escribir la nota que sonaría en el traste donde está ese armónico.
En todos los casos, debe agregarse el símbolo que se puede apreciar encima de la nota SOL y SI de nuestro ejemplo, para indicar que se trata de un armónico.
Lamentablemente no existe una forma unificada, ni ningún signo que permita saber si se está utilizando una u otra nomenclatura. El segundo sistema, requiere un conocimiento profundo del instrumento, ya que debe indicarse el traste en el que sonará la nota buscada. Este sistema suele ser utilizado por bajistas, o en partituras específicas para bajo.
En cambio, si la partitura está hecha por un compositor o arreglista ajeno a las técnicas concretas del bajo eléctrico, lo más probable es que escriba la nota que desee, indicando mediante el símbolo que se trata de un armónico, a fin de que el instrumentista lo toque en la posición que crea más conveniente.
Los mismos armónicos pueden sonar en diferentes sitios del instrumento, puesto que a partir del traste 12, hacia el puente, se reproduce de forma idéntica toda la gama de armónicos que hemos explicado.
El traste 12 es el centro exacto de la cuerda, y a partir de allí, sus características vibratorias son iguales hacia un lado y hacia otro. No olvidemos que, a fin de cuentas, cualquier armónico sigue siendo solo la cuerda al aire.

 

 

 

 

 

 

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