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REVISTA Bajista
SECCIÓN: En Escena
© Cristian Grüner
* por cortesía de Ares Editorial
Título: “El sonido en el escenario”
ARTÍCULO:
Conseguir un buen sonido, es sin duda, uno de los trabajos
más importantes que tiene que realizar un músico, y aún
más en el caso del bajo que es un instrumento de difícil
sonorización, y uno de los primeros en acusar las frecuentes deficiencias
acústicas de los locales.
Naturalmente, debemos tener en cuenta tanto el sonido interno (que escuchamos
nosotros mismos y el resto de la banda), como el que recibe el público,
y para esto, debemos hablar de dos tipos de escenarios.
Escenarios pequeños: donde por lo general, el sonido
del bajo NO es amplificado. Normalmente, en este tipo de escenarios, el
grupo suena con su propia amplificación, y en ocasiones existe
algún equipo pequeño que suele usarse para la voz, algún
instrumento de viento, o para reforzar alguna parte de la batería
como el bombo.
El sonido en escenarios pequeños:
En estos casos, evidentemente, el sonido del escenario es el mismo que
llegará al público, y por esto, es la situación más
comprometida. No podemos trabajar de forma independiente con nuestra escucha
y la que recibe el público, por lo que deberemos hacer concesiones
en ambos sentidos.
Tal vez una de las cosas más destacables sería tener en
cuenta la proyección del sonido del bajo. Para comprobar esto,
bastará con tener un cable de unos 5 metros, que nos permita escuchar
a esa distancia, entonces, alejándonos del amplificador, percibiremos
algo más parecido al sonido que en realidad recibirá el
oyente (y solo será “parecido” y no igual, porque la
presencia de gente en el recinto contribuirá un poco a absorberlo)
.
Notaremos que el sonido es considerablemente más lleno que el que
oímos junto al amplificador, por lo tanto, si queremos que el bajo
llegue afuera definido, deberíamos sacrificar un poco de graves
en nuestra escucha. Si en cambio, preferimos conseguir un sonido redondo
y lleno en el escenario, lo más probable es que eso llegue afuera
en forma de “bola”. (la famosa “bola” del bajo).
En otras palabras, en beneficio del oyente, deberemos sacrificar algo
de cuerpo en nuestra escucha.
La posición del amplificador en escenarios pequeños:
Como hemos comentado, en un escenario pequeño donde el bajo no
suele estar amplificado, el sonido que recibirá el público
es el sonido directo del amplificador, por ello será necesario
orientar el altavoz hacia el público, de forma que este reciba
el sonido directamente.
También será importante intentar ponerlo centrado en el
escenario, y lo más cerca posible de la batería, con el
fin de empastar el sonido lo más posible con ella.
La posición central del amplificador ayudará a que el oyente
que está directamente delante del escenario reciba el sonido del
bajo por delante, y no por ninguno de los lados; al mismo tiempo, dado
que la batería suele montarse en el centro del escenario, contribuirá
a ensamblar el sonido con esta.
La posición del músico en un escenario pequeño:
Sigue siendo de vital importancia, en este tipo de escenarios, tener presente
que compartimos la escucha con el público. Si nos ponemos justamente
delante del amplificador, actuaremos como una cortina que amortiguará
el sonido que recibiría el público. Sin embargo, este es
el mejor sitio para escucharnos nosotros mismos.
Una posible solución es ponerse muy cerca, pero no exactamente
delante del altavoz, es decir: si dejamos el amplificador a nuestra izquierda
(hablando para diestros, los zurdos al revés), será la parte
del mástil del instrumento la que esté más próxima,
como también es frecuente que la mirada del músico se dirija
hacia ese punto (el mástil), la posición nos permitirá
tener la oreja orientada hacia el altavoz, sin estar directamente delante
de el.
Escenarios grandes: donde el sonido del amplificador es utilizado solamente
para la escucha del instrumentista, y donde normalmente habrá al
menos un monitor para cada músico.
El sonido en escenarios grandes:
En esta situación, a veces por fortuna y a veces por desgracia,
el sonido que llega al público no está en nuestras manos.
Si bien es cierto que el punto de partida de nuestro sonido es la señal
que le damos al técnico a través del cable “line out”
del amplificador, lo cierto es que el puede lograr prácticamente
cualquier cosa con este sonido, es decir, podemos darle un sonido lleno
y redondo y que el lo convierta en un sonido latoso, o viceversa.
Creo que en estas situaciones, lo mejor es ecualizar el
amplificador a nuestro gusto, para nuestra propia escucha, (pero sin necesidad
de sacrificar ninguna frecuencia, como en el caso anterior, ahora pondremos
todos los graves o agudos que nos de la gana) y pedirle al técnico
que se acerque a escuchar, e intente reproducir lo más fielmente
posible ese sonido. Si se trata de un buen técnico, y trabaja en
unas condiciones adecuadas, seguramente lo conseguirá.
En cuanto a la escucha interna, en este tipo de escenarios,
el amplificador será utilizado como monitor solamente por el instrumentista,
no es necesario que otros músicos lo escuchen, ya que estos dispondrán
de su propio monitor, así como nosotros dispondremos de uno para
escucharles a ellos.
Para no estropear el trabajo del técnico, será
importante que no hagas cambios en la ecualización ni en el volumen
del amplificador después de la prueba de sonido.
En cuanto al volumen, suele ser normal que una vez comenzado el concierto,
el volumen general vaya subiendo. La mayoría de amplificadores
suelen tener un control de “Master” (o “Ganancia”)
y otro de “Volumen”. En general (aunque siempre es mejor comprobarlo),
el control de Volumen no afecta a la señal de salida del amplificador
(el “line out”) hacia la mesa de sonido, por lo cual podemos
actuar sobre el sin cambiar los valores que recibirá el técnico.
La posición del amplificador en escenarios grandes:
Puesto que en estos escenarios el amplificador es utilizado solamente
por nosotros mismos, no será necesario tener en cuenta ninguna
consideración para su ubicación, que no esté directamente
relacionada con esto.
Una cuestión de máxima importancia es tener en cuenta que
ya no es necesario que el altavoz esté orientado hacia el público,
ya que seguramente este no recibirá ni un solo watt de ese sonido.
Por tanto, sin ningún miramiento, podemos orientarlo directamente
hacia nosotros.
Por ejemplo, si estamos en uno de los
extremos del escenario, no habrá ningún inconveniente
en colocar el amplificador a nuestro lado, mirando hacia nosotros,
es la mejor posición para nuestra propia escucha, y correctamente
colocado, no incidirá sobre ningún micrófono.
Y esta es justamente la única cosa que debemos tener en cuenta
en un escenario de este tipo: no orientar nuestro altavoz hacia ningún
micrófono que pudiera recoger el sonido (normalmente, un técnico
avezado ya advertiría esa situación).
Esta foto está tomada en el Festival de Jazz de de San Javier
de 2004, compartiendo escenario con Michel Camilo, es decir, un escenario
grande.
Mi posición erá delante de la batería, por lo
que el amplificador de bajo está orientado directamente. |
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En la imagen siguiente, que es un poco grande
para que se aprecien las dimensiones del auditorio, se puede apreciar
la orientación del amplificador hacia dentro del escenario, que
está siendo compartido con Michel Camilo Trío, por lo que,
a la derecha del amplificador se puede apreciar la batería de Horacio
"El Nego" Hernández. Nótsese que ha montado su
batería con el mismo concepto expuesto aquí para el amplificador,
es decir, mirando hacia dentro. De esta manera, su sonido acúsitco
no es proyectado hacia el público, donde de poco serviría
dadas las dimensiones del auditorio. En cambio es enfocada hacia adentro,
creando un mejor sonido en el escenario

La posición del músico en un escenario grande:
Aparte de una correcta disposición de todos los músicos
en el escenario, cosa que no requiere más que un poco de sentido
común, lo que sí deberemos tener en cuenta es que a veces
un pequeño desplazamiento puede cambiar mucho la escucha, en muchas
ocasiones basta moverse medio metro para que la escucha cambie radicalmente.
Esto se debe a varios factores, entre los que tenemos que tener en cuenta
la direccionalidad de los monitores, y la gran cantidad de campos de sonido
que se producen en el escenario debido a la presencia de muchos altavoces
con diferentes orientaciones.
Y ya fuera de las consideraciones propias de cada tipo de escenario, en
cualquier situación, siempre deberemos tener en cuenta el tipo
de música que estemos tocando, las características particulares
del local, y sobre todo, al resto de los instrumentos.
En general, deberemos controlar el volumen (consejo válido para
toda la banda) siempre que:
Existan problemas de acoples en el escenario.
Estemos tocando con uno o varios instrumentos acústicos (estén
o no amplificados, y entendiendo a la voz como un instrumento acústico)
Cuando exista alguna deficiencia en la amplificación o monitoraje
de alguno de los instrumentos del grupo
También será necesario controlar (reducir)
los graves, siempre que:
- La acústica del local tienda a resaltarlos (muy frecuente)
- Existan acoples de graves en el escenario.
Finalmente, para terminar esta serie de pequeños
consejos, debemos reconocer que, sin duda, cada situación, cada
grupo, cada concierto, y cada escenario tienen sus propias características,
y que nunca una solución es válida para todos los casos,
pero tenerlos en cuenta puede ayudarte a resolver el sonido de más
de un escenario o local “difícil”.
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