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Introducción
En esta clase veremos
el uso práctico de la ecualización aplicado
principalmente a la grabación y mezcla de una pieza sonora.
La idea de esto es el mejorar la calidad global de la grabación,
permitiendo que cada instrumento tenga su propia sección en el
rango de frecuencias para que pueda tener carácter, evitando
la superposición entre éstos y los vacíos en el
espectro audible.
Veremos como hacer para que un determinado
instrumento posea mayor protagonismo, resaltando o atenuando ciertas
características particulares de el.
Veremos trucos para hacer que un sonido suene de alguna
forma en particular recortando ciertas frecuencias como así también
como todos los pasos, indicaciones y precauciones a tener en cuenta
para lograr el sonido adecuado.
Ecualización: Origen y objetivos
La
ecualización nació hace unos cuantos años, principalmente
cuando comenzaron a crearse equipos hogareños de reproducción
de audio y equipos de grabación masivos.
Su origen se debe a que tanto los equipos de grabación como los
de reproducción de audio tenían terribles falencias a nivel
calidad, más específicamente en su respuesta
en frecuencia
(*Puedes consultar
este término en el Glosario del Aula Virtual)
y había que equiparar esto de algún modo.
Los micrófonos, los altavoces y amplificadores tenían una
pésima respuesta en frecuencia: o poseían picos totalmente indeseados
en ciertos rangos de frecuencia, o puntos en los cuales su ganancia efectiva
era muy baja, por lo que sin el nacimiento de los ecualizadores, la
fidelidad del audio hubiese sido muchísimo más baja que en lo
que en realidad fue.
Para comprobar esto basta solo con escuchar una grabación original
de los Beatles, en la cual el sonido es un tanto latoso, con falta de
graves, y en la cual para separar un tanto los instrumentos, en vez de
distribuir sus frecuencias a lo largo del rango de frecuencias, lo que
se hacía era enviar un instrumento por el canal izquierdo, el otro
por el canal derecho, y así con todo.
Hoy
en día, la diferencia en la tecnología empleada para construir
los elementos relacionados con audio comparándola con hace unos
cuantos años atrás, es increíblemente abismal.
Lo que se quiere lograr, es que la
respuesta en frecuencia de los diferentes elementos sea lo más
plana posible, es decir, que amplifique lo más
plano posible frente a las diferentes frecuencias, en forma eficaz.
Sin embargo, no existe un dispositivo que tenga una respuesta totalmente
plana, por lo que siempre es necesario el uso de ecualizadores para
realizar alguna tarea de grabación relativamente seria.
Pero
esto no es un problema ya que debido a las diferentes respuestas en
frecuencias de los productos disponibles en el mercado es que se han
creado dispositivos específicos para cierta tarea: hay líneas
de micrófonos que son eficaces para captar sonidos graves, como
el de un bombo mientras que hay otros como el popular Shure SM57 que son mejores
para captar sonidos de voz o de ciertos instrumentos u otros que sólo
son útiles para sonido en directo.
Otro tema es el
simple hecho de que los instrumentos y las voces inevitablemente contienen
frecuencias comunes entre ellos.
Entonces el “arte”
de ecualizar reside en hacer lugar para que cada uno de ellos pueda
estar cómodamente ubicado en el espectro de frecuencias, sin que haya
baches ni “bolas de sonido” alrededor de ciertas frecuencias.
Los
pasos esenciales para lograr una buena mezcla
Acerquémonos
un poco más a lo concreto.
El ecualizar es un arte que lleva su tiempo aprender y tomarle
la mano para poder hacer buenas mezclas.
Debes pasar cierto tiempo probando distintas configuraciones, equivocarte,
experimentar, pero por sobre todas las cosas, escuchar.
El oído
es la herramienta más importante para alguien que está
trabajando con audio.
El ecualizar debe
ser algo hecho con el oído, ni con la vista, ni de memoria, ni
de forma teórica.
Debes
prestar atención a la mezcla en general, a como suena
cada instrumento solo y en relación a los demás, a “barrer”
con el oído las diferentes frecuencias y recién
ahí ver que se aplicará para corregir lo que esté
mal.
Incluso, una vez aplicada la ecualización, se debe volver a chequear
esto ya que puede haber cosas que puedan ser mejoradas aún mas,
o que haya algunos retoques extras por hacer.
Un muy buen ejercicio cotidiano es ir tratando de separar mentalmente
los diferentes instrumentos presentes en una grabación y escuchar
como suenan “individualmente”.
Es decir, primero tratar de escuchar la batería, ubicando el
Hi-Hat o charles y percibiendo como está configurado (si suena
muy brillante, opaco, si tiene mucho o poco protagonismo, etc.).
Luego
pasar al bombo y redoblante, posteriormente al bajo, y así sucesivamente
hasta tener una total imagen mental sobre lo que está sonando.
Prestar atención en como están tratadas las diferentes
frecuencias (si hay ruidos percusivos o más bien mantenidos en las diferentes
frecuencias) te hará notar, por ejemplo, la diferencia de sonido,
obviamente más allá de las diferencias propias del estilo que existen entre una grabación
de una balada, y una de rock.
Este tipo de ejercicios sirve como entrenamiento
para que a la hora de estar sentado frente a una mesa mezcladora, puedas
ir trabajando los distintos aspectos de una pieza en forma correcta,
y si bien a simple vista parece algo complicado, con la práctica
se vuelve algo sumamente natural y automático.
El ecualizar
debe ser un maquillaje para el sonido y no una máscara,
por decirlo de alguna forma.
Los cambios que se hagan deben ser sutiles, y el principal
protagonista será el sonido de la grabación y no el ecualizador.
No se debe modificar en gran medida el sonido de los instrumentos,
ya que sino, no tiene ningún sentido trabajar con ellos, más
allá de que serán irreconocibles para la audiencia general.
Es
decir, nunca se debe ecualizar de memoria o por rutina, sino cuando,
a juicio de la persona que está mezclando, se pueda mejorar en
cierto grado la mezcla final.
Otro tema sumamente
importante, es el hecho de que el ecualizar puede resaltar ciertos
rasgos interesantes de los instrumentos o voces.
Lo que la
ecualización NO hace es arreglar grabaciones
que suenan mal desde el vamos.
¿A que nos referimos? A que mucha
gente suele suponer que con la ecualización se
pueden arreglar grabaciones defectuosas dejándolas con una mayor
calidad sonora y esto no es real.
El sonido debe obtenerse con la mayor calidad posible desde el principio,
y luego el ecualizador sirve para corregir pequeñas cosas. Si
se pretende grabar con cierto nivel de calidad, se debe procurar poseer
micrófonos de buena eficacia, con ecualizadores que no introduzcan
ruido, con mezcladoras que tengan cierta fidelidad, con altavoces y
amplificadores que reproduzcan el sonido lo más preciso posible
y con cables que no estén rotos, o que introduzcan ruido en la
línea.
Sin esta base, es
simplemente imposible lograr tener una buena mezcla final, ya que lo
que no se hizo en un principio, el ecualizador no lo podrá arreglar.
Es muy fácil comprobar esto, viendo que
existen diferentes tipos de micrófonos (los que se encuentran
en los teléfonos, los que se utilizan para grabaciones profesionales,
etc.) y diferentes tipos de altavoces (los que se pueden encontrar en
una discoteca, los altavoces de escritorios de un PC, etc.) y que todos
ellos cumplen tareas totalmente diferentes, con resultados variados y diversos costos.
Por lo que no es lo mismo grabar
el sonido de una flauta usando un micrófono específicamente
diseñado para este fin que con uno de los que se usan en las
computadoras para mantener video conferencias.
El proceso
Para comenzar a
ecualizar, siempre es conveniente iniciar el proceso buscando zonas
del espectro de frecuencias que suenen turbias, oscuras, “mediosas”
o blancas, o por el contrario, demasiado brillantes porque la idea es
ir "limpiando" el sonido muy de a poco para
que quede como nosotros queremos.
Comienza por la búsqueda de esas frecuencias turbias.
Generalmente
estas se pueden localizar en la zona grave del espectro, y suelen ser
generadas por el bombo de una batería, aunque también las
puede
generar un bajo, un piano en sus notas más graves, e incluso
guitarras acústicas.
Se suelen ubicar alrededor de los 300 hz,
pero antes de poner mano en el ecualizador y recortar instantáneamente
esa frecuencia, conviene detenerse a pensar un segundo.
Si
uno corta del todo esas frecuencias, terminará logrando un sonido
demasiado vacío o fino, ya que el área alrededor
de esta frecuencia contribuye a darle cuerpo a una mezcla.
Por lo tanto, conviene
usar ecualizadores de un estrecho ancho de banda e
ir recortando muy de a poco alrededor de esta frecuencia, preferentemente,
en todos los instrumentos y en distintos lugares.
Debido
a que los instrumentos están formados por muchas frecuencias,
podemos ir recortando tranquilamente varias de ellas ya que muchas son
prescindibles para conformar el sonido característico del instrumento.
Procura no eliminar la misma frecuencia en todos los ellos
ya que la consecuencia de esto serán “agujeros” indeseables
en el espectro de las frecuencias. Al ir recortando de a poco y en diferentes
frecuencias, se eliminará esta “suciedad” alrededor
de los 300 hz, y los agujeros que se creen en un instrumento, serán
balanceados por otro y viceversa.
A pesar de que alrededor
de los 300 hz es donde se suelen encontrar estas zonas turbias, esto
claramente depende de los instrumentos utilizados así
como del equipamiento.
Por lo que si este modo de operar no soluciona
el problema, trata de hacerlo entre los 100 y 800 hz.
Elimina progresivamente
estás frecuencias hasta que puedas dar con la auténtica
causante del inconveniente.
Si después de esto, la mezcla suena con
muy poco cuerpo, entonces prueba incrementar LEVEMENTE la ganancia de
frecuencias alrededor de los 60 hz.
Si se hace en gran medida, se echará
a perder la mezcla ya que el altavoz se volcará a incrementar
estas frecuencias, resultando así en una menor fidelidad sonora a causa
de la reducción de frecuencias agudas.
Posteriormente intentaremos
solucionar esas partes blancas o mediosas de la mezcla que generalmente
se ubica entre los 1000 y los 5000 hz.
Esta área está
generalmente utilizada por guitarras eléctricas, platillos, algunas
frecuencias de la Caja (SD) y las voces.
Se procede como hicimos anteriormente,
recortando sutilmente las frecuencias cercanas a esos valores. Para
facilitar ésta tarea, suele resultar útil levantar el
volumen total de la mezcla para escuchar las frecuencias molestas.
Si al eliminar estas frecuencias, la mezcla se vuelve demasiado opaca,
conviene realzar un poco las frecuencias entre los 5000 y 8000 hz. Esto
ayudará a conservar el brillo global de la mezcla.
Las
guitarras suelen ser las principales causantes de problemas alrededor
de estas frecuencias. Si utilizas una guitarra, puede resultar tentador
realzar las frecuencias que se encuentran entre los 1000 y 6000 hz,
es decir, las frecuencias medias superiores para así darle cierto
tipo de definición o delimitación.
El
problema surge porque esta también es la zona en la cual se ubican las
voces, por lo que convendrá dejar estas frecuencias
tranquilas y a lo sumo incrementar la ganancia de frecuencias superiores
a estas para evitar que las voces y las guitarras se superpongan en
frecuencia.
Luego, al tratar
las frecuencias más altas, dependerá
del tipo de música que se esté grabando.
Sin
embargo se pueden cortar o realzar frecuencias entre los 5000 y los
8000 hz con un ancho de banda generoso para lograr un sonido más
natural.
En un principio y hasta que
se gana un poco más de práctica, conviene realizar movimientos
amplios en los ecualizadores para notar diferencias entre las diferentes
configuraciones.
Mover los faders a lo largo de todo su recorrido facilita
el individualizar la frecuencia que se está afectando.
Una vez finalizada
la tarea de ecualización, haz “solos” de los diferentes
tracks o pistas para notar como ha quedado cada instrumento.
También
es conveniente encender y apagar los ecualizadores para notar la diferencia
entre la mezcla con y sin ecualización y en todo caso aplicar
correcciones.
Generalmente los ecualizadores poseen un botón llamado
by-pass que justamente permite que la señal saltee al mismo sin
ser afectada.
Los instrumentos deberán sonar con personalidad
dentro de la mezcla.
Vale la pena incrementar un poco las frecuencias alrededor de los 12
khz ya que esto le dará cierto brillo a la mezcla como el que
se puede percibir en los CD grabados hoy en día.
A continuación encontrarás reglas concretas a seguir para lograr
una buena mezcla, en las cuales se detalla que tareas puede o no realizar
un ecualizador
En una grabación de
audio, generalmente se disponen de varias pistas para trabajar, con
diferentes cosas grabadas en cada una de ellas.
Pero al final de la
mezcla, se deberá tener toda esa información alojada únicamente
en dos pistas (correspondientes a los canales izquierdo y derecho).
Por lo tanto, para que la mezcla final resulte clara,
se deben realzar las frecuencias “clave” de cada instrumento,
mientras que el resto se deben reducir en gran medida para que no interfieran
con el resto de los instrumentos.
Suele convenir
comparar el tema que se está mezclando con alguno comercial de
similar estilo para así notar las diferencias en ecualización.
Esto ayudará a tener un patrón con el cual comparar nuestra
mezcla, para saber si se está tomando el camino correcto.
Cuando se ecualiza,
se debe mantener la identidad de cada instrumento.
Se deben tener contrastes entre estos, ya que, además, un mismo
instrumento no puede ser cálido, brillante, potente, con cuerpo,
etc. todo al mismo tiempo.
A su vez, se deben usar diferentes ecualizaciones
en las distintas pistas justamente para lograr este objetivo.
Siempre se debe
ecualizar teniendo en cuenta la mezcla final y no el resultado
de un instrumento determinado.
Puedes ir y volver constantemente
para escuchar como suena un instrumento dentro y fuera de la mezcla,
pero siempre teniendo en cuenta que al final este estará incluido
dentro de una pieza, con el resto de los instrumentos y voces.
Recuerda ecualizar
en pequeñas cantidades y solo cuando lo creas necesario.
Las ecualizaciones extremas terminan arruinando la mezcla, así también
como el resultado de una total pérdida de identidad de los instrumentos.
Es recomendable
ecualizar atenuando frecuencias y no realzándolas.
Esto se debe a que si cada vez que ecualizamos una pista levantamos
la ganancia de ciertas frecuencias, el resultado de esto será
que muchas pistas estarán con sus frecuencias resaltadas,
creando un caos sonoro, saturación y distorsión.
Si un
sonido es demasiado brillante, es preferible reducir las frecuencias
agudas antes que resaltar las graves ya que, además, las primeras
son las responsables del disgusto.
Además, el realzar constantemente
frecuencias incrementará en gran medida el nivel de ruido.
En ciertos casos de los procesos de grabación, puede resultar
conveniente realzar frecuencias, ya que posteriormente, lo que se eliminó
no se puede reconstruir.
Siempre que se elija esta opción se
debe procurar no irse a los extremos por lo dicho anteriormente.
Después
de largas horas de mezcla, el oído comienza a cansarse,
y suele ser difícil distinguir diferentes ecualizaciones. Por lo tanto
se recomienda parar cada tanto, y volver con la mente y el oído "renovado"
para lograr mejores resultados. Suele convenir dejar por un tiempo la
mezcla y volver a retomar luego de un rato, horas, e incluso dias para
notar fehacientemente el resultado real de lo que se está haciendo.
Dentro de lo posible,
siempre conviene escuchar la mezcla en diferentes altavoces, con diferentes
equipos de sonido, con el volumen bajo, y alto.
Esto se debe a que uno debe tratar de lograr
que la mezcla suene lo mejor posible en la mayor cantidad de variantes
posibles ya que, por lo general, las mismas terminarán
escuchándose en reproductores portátiles, en estéreos
para automóviles, en radios de bajo costo, etc. y no precisamente
en equipos de calidad profesional.
Es muy interesante
experimentar con la ecualización, probar diferentes
variantes en las configuraciones, tanto a nivel del ecualizador como de la grabación, como por ejemplo, moviendo
micrófonos de lugar, cambiando de ambientes de grabación,
etc.
Siempre se pueden sacar resultados provechosos de estas experiencias.
Nunca se pierde tiempo experimentando ya que irás adquiriendo
mayor entrenamiento, y esto posteriormente resultará en una mayor
rapidez, exactitud y flexibilidad a la hora de buscar el sonido que
deseas.
Con la práctica,
así como con la ayuda de ciertas tablas de ecualización,
podrás ir dándote cuenta dónde se encuentra la mayor cantidad
de energía sonora que despide un instrumento.
Esto será
de muy valiosa importancia para que al ecualizar, no se realcen frecuencias
en las cuales ese instrumento no emite sonido, ya que en ese caso,
lo único que se logrará es incrementar el nivel de ruido.
Qué
cosas puede o no hacer un ecualizador
Ecualizar puede servir para
crear o corregir sonidos, pero sin embargo no es la única forma
de hacerlo.
Cuando se utiliza correctamente en la fase de grabación,
el ecualizador puede crear sonidos llenos, redondos, cálidos
y naturales.
Si no se utiliza en forma correcta los resultados pueden
ser el tener una mezcla un tanto vacía (con un espectro de frecuencias
demasiado estrecho) o simplemente que carezca de ciertas características
elementales como el tener un bajo sin frecuencias bajas, bombos sin
fuerza o guitarras demasiado agudas con poca claridad.
Sonidos que suenan
demasiado gruesos pueden ser fácilmente arreglados, pero no así en sentido
contrario: el ecualizador no genera ni sustituye frecuencias no existentes.
Rangos de frecuencias de instrumentos
Para entender más
sobre la ecualización y sus cualidades, lo mejor es poner manos
a la obra y ponerse a practicar, pero como ayuda para comenzar a encontrar
ciertas características, a continuación hay una tabla de
las
frecuencias y la forma como afecta la atenuación o realce de las mismas
al carácter del instrumento.
Debido a que cada instrumento es distinto,
en cuanto a su sonido, timbre, afinación, etc. esta es simplemente
una guía general, por lo que no hay que desesperarse si no se
obtienen los resultados esperados en un primer instante, simplemente
hay que continuar intentándolo.
Bombo
(BD) |
Frecuencia |
Efecto |
Cualquier
tipo de efecto turbio puede ser recortado alrededor de los 300 Hz.
Intenta aplicar una leve ganancia alrededor de los 5 o 7 Khz para
agregar cierta calidad al sonido. |
50-100 Hz. |
Agrega un colchón
al sonido en las frecuencias más bajas |
| 100-250 Hz. |
Le da un sonido
redondo. |
| 250-800 Hz. |
Zona donde
se encuentran frecuencias "turbias". |
| 5-8 Khz. |
Agrega protagonismo |
| 8-12 Khz. |
Agrega brillo,
frecuencias agudas. |
Caja
o tambor (SD) |
Frecuencia |
Efecto |
Intenta
darle un pequeño incremento de ganancia alrededor de los
60-120 Hz. si al sonido le falta cierto carácter.
Haciéndolo
alrededor de los 6 KHz. se obtendrá un mayor protagonismo
en el sonido del golpe. |
100-250 Hz. |
Da una sensación
de un sonido más lleno |
| 6-8 Khz. |
Agrega presencia. |
Charles
(HH) y Platos |
Frecuencia |
Efecto |
Cualquier
tipo de efecto turbio puede ser recortado alrededor de los 300 Hz.
Para agregar algo de brillo intenta incrementar las frecuencias
alrededor de los 3 KHz. |
250-800 Hz. |
Zona donde
se encuentran frecuencias "turbias". |
| 1-6 Khz. |
Agrega presencia |
| 6-8 KHz. |
Agrega claridad |
| 8-12 KHz. |
Agrega brillo |
Bajo |
Frecuencia |
Efecto |
Incrementando
la ganancia de las frecuencias alrededor de los 60 Hz. le dará
mas cuerpo al sonido.
Nuevamente, alrededor de los 300 Hz se encuentran
las frecuencias turbias.
Si se necesita darle más presencia,
aumentar las frecuencias cercanas a los 6 KHz. |
50-100 Hz. |
Agrega un extremo
inferior al sonido, un colchón. |
| 100-250 Hz. |
Le da al sonido
cierta "redondez" |
| 250-800 Hz. |
Zona turbia |
| 800-1 Khz. |
Le da cierto
refuerzo, más que nada para utilizar con altavoces de poco
tamaño. |
| 1-6 KHz. |
Otorga presencia. |
| 6-8 KHz. |
Otorga protagonismo
en frecuencias altas. |
| 8-12 KHz. |
Agrega brillo,
silvido. |
Voces |
Frecuencia |
Efecto |
En
este caso, ya es más difícil dar un patrón, pues depende mucho del tipo de micrófono que se
utilice para grabar.
Conviene probar de incrementar o cortar frecuencias
alrededor de los 300 Hz.
Realzando las frecuencias cercanas a los
6 KHz otorga claridad. |
100-250 Hz. |
Agrega presencia
frontal. |
| 250-800 Hz. |
Zona turbia. |
| 1-6 KHz. |
Agrega presencia. |
| 6-8 KHz. |
Otorga claridad
y cierto silbido. |
| 8-12 KHz. |
Incrementa
el nivel de brillo. |
Piano |
Frecuencia |
Efecto |
| Aplicando
cierto incremento en frecuencias alrededor de los 6 KHz. agrega
claridad. |
50-100 Hz. |
Agrega un colchón,
un límite inferior. |
| 100-250 Hz. |
Da cierta "redondez". |
| 250-1 KHz. |
Zona turbia. |
| 1-6 KHz. |
Otorga presencia. |
| 6-8 KHz. |
Mayor claridad. |
| 8-12 KHz. |
Agrega silbido. |
Guitarras
eléctricas |
Frecuencia |
Efecto |
Generalmente
trabajar con las guitarras depende mucho de la mezcla y la grabación.
Dependiendo del sonido y del estilo musical, intenta resaltar o
cortar frecuencias alrededor de los 300 Hz.
Incrementando cerca
de los 3 KHz. le da cierta definición al sonido, o recortando
otorga transparencia. El brillo se encuentra cerca de los 10 KHz. |
100-250 Hz. |
Le da cuerpo |
| 250-800 Hz. |
Zona turbia |
| 1-6 KHz. |
Mayor presencia. |
| 6-8 KHz. |
Agrega claridad |
| 8-12 KHz. |
Otorga silbido. |
Guitarras
acústicas |
Frecuencia |
Efecto |
Entre
los 100 y los 300 Hz. se pueden eliminar las frecuencias graves.
Recortando entre 1-3 KHz. dará cierto protagonismo mientras
que a los 5 KHz se le dará presencia. |
100-250 Hz. |
Le da cuerpo. |
| 6-8 KHz. |
Otorga claridad. |
| 8-12 KHz. |
Agrega brillo. |
Cuerdas |
Frecuencia |
Efecto |
| Depende
100% de la mezcla y del tipo de sonido a lograr. |
50-100 Hz. |
Le da cierto
colchón, limite inferior. |
| 100-250 Hz. |
Otorga cuerpo. |
| 250-800 Hz. |
Zona turbia. |
| 1-6 KHz. |
Cierto sonido
crujiente |
| 6-8 KHz. |
Mayor claridad. |
| 8-12 KHz. |
Mas brillo. |
Rasgos generales
Sub-bajos: todo lo que se encuentra por debajo de los 50 Hz.
Este rango es comúnmente
utilizado por las frecuencias más graves del bombo y bajo, aunque
es prácticamente imposible diferenciar una altura en frecuencias tan
bajas.
Gracias a este rango de frecuencias es que se comenzaron a fabricar
los vinilos de 12 pulgadas: las frecuencias graves requieren surcos
más anchos, por lo que si no fuese por este tipo de discos, ciertos
temas no hubiesen entrado en los discos de 7 pulgadas.
Sin embargo no se recomienda agregar ningún tipo de amplificación
en esta zona sin el uso de monitores de estudio de alta calidad.
No
utilizar altavoces hogareños ya que estos difieren mucho en calidad
con las bocinas de los estudios.
Si se amplifican sin cuidado estas frecuencias se pueden dañar
permanentemente la mayoría de los altavoces.
Bajos: entre 50-250 Hz.
Generalmente cuando
se refuerzan los graves en los equipos hogareños de sonido, se
afectan estas frecuencias.
En la música moderna los bajos se
suelen encontrar entre los 90-200 Hz. con un pequeño incremento
en las frecuencias superiores otorga cierta claridad o presencia.
Zonas turbias o molestas: 200-800 Hz.
Esta zona es la
principal culpable de las mezclas que suenan turbias.
La mayoría
de las frecuencias en este rango provocan problemas psicoacústicos:
si muchos de los sonidos de una mezcla se ubican en este rango, una
canción se puede volver rápidamente molesta.
Rango medio: 800-6 KHz.
La audición
humana es extremadamente sensible en estas frecuencias, y el afectarlas
en una grabación resultará en un rotundo cambio en el
sonido (equivalente a modificar en 10 dB en otras frecuencias).
Esto
ocurre porque la voz humana está centrada en estas frecuencias,
y el oído está diseñado para escuchar con más
intensidad en este rango que en otro.
Por lo tanto, si se debe amplificar
esta zona, es recomendable que se haga con mucho cuidado, especialmente
con las voces.
Altos: 6-8 KHz.
Es el rango que
se afecta cuando se modifica el control de agudos o "treble"
en un equipo de audio estándar. Este área es la que se
suele resaltar suavemente para otorgar cierto brillo artificial a la
mezcla para luego pasarla a algún modo de grabación.
Agudos: 8-20 KHz.
Este es el área
abarcada por las frecuencias agudas de los platillos y charles, aunque
incrementar en este rango, particularmente alrededor de los 12 KHz.
puede hacer que una grabación suene con una aparente mayor calidad
que la real, hay que tener cierto cuidado al trabajar en estas frecuencias
ya que fácilmente, al incrementarlas, se puede resaltar el nivel de
ruido, resultando un característico y molesto silbido.
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